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¿Eres un perro que han abandonado?


 

Un perro no solo debe obedecer órdenes, tiene que cumplir las necesidades de su Dueño y satisfacer sus deseos desde la generosidad y, para algunos, desde el amor más puro y sincero. 


Enseñamos al perro a desnudarse emocionalmente, a desprotegerse de la coraza protectora que la existencia ha forjado sobre él. Lo queremos mentalmente virgen, transparente, sin resistencias y siempre dispuesto. 


Le enseñamos, con gran dedicación, atención y esfuerzo, a que no tenga miedo de nuestra mano cuando invade su interior más sensible. 


En ningún momento hay duda de que ese núcleo íntimo y frágil es la base sobre la que actuamos para corregir y perfeccionar su comportamiento. 


Le decimos que abandone sus armaduras emocionales, que no tenga miedo, que nosotros le protegeremos a partir de ahora. Al abandonar sus miedos,  el perro nos permite, desde su entrega absoluta, invadirle física y emocionalmente. Solo a partir de entonces el Amo puede llegar a ser dios.


Se consigue así un equilibrio precario que hay que consolidar día a día. Esta tarea es apasionante, gratificante y plena. Pero, a veces, mantener el equilibrio no es posible y la ruptura del vínculo se torna inevitable. 


No voy a analizar las causas o las razones que pueden conducir a un Amo a repudiar a su perro. Se habla mucho de los límites del sumiso, pero el Amo también tiene sus propios límites. Actuando desde su propia honestidad, el Amo, tiene derecho a ejercerlos. 


Pero si el Amo decide renunciar a su perro, este proceso debe realizarse con cuidado y delicadeza. La protección del Amo no debe desaparecer en ese momento triste. Renunciar a un perro no es solo romper una relación afectiva convencional. No olvidemos que el perro ha sido capaz de eliminar su coraza para ofrecérsenos íntegramente. El Amo debe dar tiempo al perro para que asuma su nueva y dolorosa autonomía. 


Si le cortamos las alas a nuestro halcón, hay que ser paciente hasta que las nuevas alas hayan renacido. 


La capacidad de entrega del perro y la voluntad de dominio del Amo pesan lo mismo en la balanza. No se dan la una sin la otra. Solo así se consigue el equilibrio antes mencionado. Pero a veces el dios olvida que se le ha permitido serlo. Aunque parezca incongruente, lo que ratifica la superioridad de un Amo es su humildad y su compasión. El Amo debe sentir con el esclavo. 


Y cuando toquen a regresar, cuando llegue el momento del dolor no deseado, del dolor cuya entrega, para el perro, es imposible porque no hay un destinatario que pueda aceptarlo, cuando llegue ese momento, el Amo debe cuidar ese dolor. 


No solo debe cuidar su propio dolor, también debe cuidar el dolor de quien había formado parte de él. Y si la tendencia del Amo es alejarse físicamente para protegerse de su propio sufrimiento, tiene que sobreponerse abandonando todo egoísmo, porque él representa la solidez y la seguridad, y el perro, en ese momento, aún necesita tenerlo de referencia.


Pero, ante todo, el Amo debe ser consecuente. Si se ha modificado el comportamiento, incluso la esencia, de un perro para que se adapte como un guante a nosotros, no se puede abandonar a la ligera ese guante que está preparado solo para nuestra mano.


Cuidar el dolor no significa prolongar la relación de dominio. Esa protección debe ir desapareciendo paulatinamente y sin demoras inútiles cuando llegue el momento de romper el vínculo de forma definitiva. Siempre dejando claro al perro que debe aprender a caminar solo en la nueva senda que acaba de comenzar, hasta que encuentre un nuevo Amo o un nuevo Dueño lo encuentre a él.


Facilitar las razones y las causas que le han llevado a tomar esa decisión ayudarán al perro a aprender de este hecho. Aunque las razones sean personales, toda vivencia es un aprendizaje.


Será un proceso traumático por parte de ambos. Pero hay que vivirlo juntos. No se trata de abandonar al esclavo a la entrada del desierto de su independencia. El Amo es la referencia sólida y estable de esta separación. El perro, durante esa travesía, necesita de la presencia de quien había sido su dueño. El Amo debe quitarle su collar y vestirlo otra vez con las ropas que tenía antes de que lo eligiera. Y esa renuncia a ir desnudo, que se le pide al esclavo, es dolorosa. Entonces el Amo debe exigirse a si mismo paciencia, rectitud y disciplina. Tiene que abandonar la invasión que tanto placer le ha producido. Y cuando saque su mano de ese núcleo sensible, de esa pulpa emocional cuya manipulación tantas satisfacciones le dio, debe hacerlo despacio, con delicadeza y mano firme. Sin ambigüedades que nublen el entendimiento del perro. Con una sólida voluntad de transformar un perro abandonado en un superviviente.


COMENTARIOS ANTIGUOS DE LA ENTRADA

Anonymous (2012-07-23 17:43:15) Mi dulce amo, tus palabras podrían ser órdenes para mi. Aprecio tu honestidad y entereza y te sé sincero, pero tus palabras me duelen. Me duele la sentencia final: convertir un perro abandonado en un superviviente. Grande. Pero un verdadero perro no podrá sobrevivir... Para vosotros la vida es demasiado fácil.


Hablas con palabras antiguas y te veo construído e instruído. Pero es el problema con vosotros, aquellos a los que admiro y a los que nunca podré compararme, los demasiado perfectos, aprisionados en vuestras propias palabras y vosotros mismos cual modernos Max Stirners.


Y tras estas reflexiones que me ha provocado tu blog, un abrazo muy fuerte y mi reconocimiento. Me has dado unos instantes de placer, me has hecho pensar que dejar a un perro es como retirar la mano después de un fist, hay que hacerlo con delicadeza. Hace falta valor, como decía la antigua canción.


Anonymous (2012-07-23 18:16:20) Mis excusas por mi mensaje anterior. A veces yo tambien me siento abandonado.


esclavomuskle (2012-08-01 22:13:50) le felicito señor es entrañable leer estas cosas


esclavomuskle slave (2013-01-14 21:50:48) una preciosidad es un honor leer post asi; es un orgullo ver este tipo de AMOS, gracias


+D+ (2013-04-03 17:44:25) Joder, me ha emocionado. Qué belleza hay en esta entrada. Tengo ese dilema con uno de mis perros y exactamente siento lo que pone aquí. Probablemente tarde un año o más en poder liberarle. Él aún no sabe que ya lo estoy haciendo. Si lo supiera antes de tiempo sufriría de dolor. Tengo que entrenarle para que él sea quien me diga que quiere irse. Entonces, le retiraré la cadena y le dejaré marchar. Me dolerá ver como se va, pero también me sentiré orgulloso de él y de mí mismo si así lo logro. Bravo por esta entrada.

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