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La experiencia antes que la actitud



Hasta ahora solía decir que valoraba más la actitud que la experiencia. Ahora pienso que sin experiencia no puede haber actitud madura. Solo fantasía y deseo. 

Nadie que no haya tenido pareja sabe lo que es tener un compromiso, aunque lo desee con todas sus fuerzas. Nadie que no haya compartido su vida sabe lo que es la convivencia aunque le aterre vivir solo.

No quiero minusvalorar la joven actitud de un novato. Esa incipiente actitud puede convertirse en una actitud digna de respeto si el esclavo adquiere el compromiso de cultivarla y hacerla crecer.

La actitud es una cuestión mental, de madurez, de compromiso con uno mismo. Cuestiones que tienen que ver, sobre todo, con el tiempo vivido, es decir con la experiencia consciente. Porque si es cierto que las vivencias negativas son buenas maestras, no todo el mundo acepta aprender de sus errores. 

Un esclavo inexperto es fácil que confunda su deseo de ser un buen perro, con tener una buena actitud. La actitud es el resultado de resolver unas cuantas cuestiones personales sin que intervenga nadie. Solo reflexionando y escuchando la vocación, esa llamada interna a la sumisión, puede uno llegar a desarrollar una actitud seria. Y solo a través de la prueba y el error se separa el trigo de la paja.  El germen, o la semilla de la actitud se tiene, o no. Y si se tiene, uno decide desarrollarla, o no. 

Un Dominante puede (y debe) potenciar una joven actitud, pero no puede crearla, ni insuflarla a un sumiso. Un Dominante ofrece el espacio y el conocimiento necesario para que el sumiso desarrolle esa actitud. El Amo puede ofrecer el entorno y la seguridad necesarios para que ese perro crezca, pero no puede sustituir a la voluntad consciente del sumiso. Tampoco el Amo puede reemplazar al compromiso personal del esclavo. Hay sumisos inexpertos que, desde su propia comodidad y pereza, buscan al Dominante perfecto que sea capaz de sacar al perro que llevan dentro. No estoy hablando aquí de la, a veces, necesaria atracción física que despierta tanto al Amo, como al perro. Puede ocurrir que una poderosa atracción física enmascare de actitud lo que solo es puro deseo.

Estos perros, que confían en que el Amo les haga su trabajo de aceptación y compromiso, tienen sed, pero buscan a alguien que les saque el agua del pozo. Creen que con tener sed es suficiente, pero no lo es. Ocurre que cuando estos perros ven saciada su sed, olvidan todo lo que creían haber aprendido hasta que vuelven a sentir la acuciante necesidad de beber.

Solemos asociar la experiencia a la calidad. Encontrar a alguien experimentado en una materia es garantía de conocimiento. Un profesional experimentado es sinónimo de seguridad. Si quiero aprender quiero al mejor maestro. A medida que más energía empleo en la docencia, más me doy cuenta que no puedo aprobar a nadie si no estudia. No me compensa dedicar tiempo a novatos que no pueden ofrecerme nada a cambio, salvo su atenta presencia en mis clases. Hay que estudiar y preguntarse qué es lo que uno quiere. Una vez descubierto lo que uno desea, hay que cuestionarse si se tiene voluntad para buscarlo. Ser perro no es para pusilánimes o cobardes. Ser perro requiere valentía. Pero desear encontrar un buen profesional para que me haga el trabajo no es el camino para desarrollar lo que llevamos dentro. La actitud se construye en soledad, día a día, es valiosa, y solo si un perro la ha hecho crecer y madurar, a través de su experiencia, podrá ofrecérsela a un Amo, como se ofrece un buen vino.

Ya seas Dominante o sumiso, la actitud no depende del otro, sino de uno mismo. 


COMENTARIOS ANTIGUOS


esclavomuskle (2011-12-31 17:15:19) que real y que duro pero es la verdad asi es, me he visto reflejado es este post, uno necesita ࢢempo para ponerse en manos de un perro, y lo que es deseo y fantasia no es lo mismo que tener el valor de emprender el camino, asi es un camino de valientes...


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