"El cuerpo, privado de individualidad, queda en mero cuerpo de deseo, de líneas y agujeros, placer y sexualidad, praxis y fantasías. Todo se transforma en abertura. Saliva. Esperma. Pis. Caca. Sudor. Y lágrimas. Todo fluye lleno de placer y dolor a lo largo del hervidero de líneas y construcciones de sus dibujos."
(Jüergen Klauke)
El centro del esclavo es su boca. Todo lo demás es accesorio. Lo que deba, o no deba, hacer con su boca es una de mis prioridades. El cuerpo del perro no deja de ser un mero andamiaje de su hocico, sus dientes, su lengua y su garganta.
Su boca es el vínculo que le une a mí cuerpo. El uso que el perro haga de su lengua muestra su agradecimiento y su alegría. Aunque su olfato es su sentido primario, su hocico es la puerta del Amo. La boca como receptáculo de cualquier cosa que deba lamer, tragar o expulsar.
Los agujeros que tiene el perro son los orificios que pertenecen al Amo. El uso que se haga de esos agujeros no es potestad del animal. Todo aquello que entra y sale de los límites corporales del perro debe estar controlado, medido, establecido, acordado, y por supuesto, exigido.
Respetando siempre los límites establecidos, el Amo controla los fluidos que el organismo de su perro genera. Fluidos que con toda probabilidad el perro deseará expulsar de su cuerpo con mayor o menor necesidad, pero que, si el perro sabe dónde reside su actitud, intentará posponer su urgencia, para adaptarse al uso que el Amo quiera darle a sus necesidades biológicas. Aquí cobra especial importancia el uso como generador y almacén de lefa que algunos Amos gustan de hacer con su perro.
El perro es valioso para su Dueño. Solo lo que merece elogio es digno de ser controlado, usado, dirigido para expandir sus límites y, por supuesto, cuidado y protegido. En este sentido, lo que el cuerpo del perro genera no deja de ser menos valioso. La mejor forma de educar un cuerpo en propiedad es controlando todos sus orificios.
Todos los agujeros de mi esclavo están cerrados por definición, salvo orden en contrario. Hay una excepción: su boca. El hocico del perro siempre debe estar entreabierto. A ser posible mostrando los dientes y la lengua. Dispuesto a ser invadido por mis manos o por cualquier otra parte de mi cuerpo.
Siempre dentro de la seguridad, la responsabilidad y el acuerdo, la boca como desagüe de los fluidos que genera mi cuerpo, es una de las funciones privilegiada a las que puede acceder un perro. Mi mente genera poder. El sudor que genera mi cuerpo es el alimento de mi perro, su lengua lame y limpia al mismo tiempo que mi biología se convierte en su biología.
La boca es el lugar dónde reside el afecto que recibe mi perro. Mi agradecimiento a los buenos servicios se los entrego en su hocico. Por eso ese agujero como sagrado recipiente de lo mejor de mí, debe estar siempre limpio e inmaculado. Solo lo que es puro es digno de ser mancillado.
COMENTARIOS ANTIGUOS:
esclavomuskle (2011-12-31 17:07:27) que bien relata amo, me gusta siempre esos post, feliz año y sige asi... es eso perder la indiviualidad y ser del amo, es la necesidad del esclavo sin eso esta perdido ...

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