Ahora no quiero hablar tanto de de mí como de los perros con los que me he encontrado. Pienso que la figura del perro, en algunos sitios, se desvirtúa con frecuencia restándosele valor de forma gratuita, tanto desde los amos, como desde los propios esclavos.
Y solo si un perro me parece valioso deseo humillarle.
Que un esclavo sea inferior no significa que su plato pese menos en la balanza de cualquier relación D/s. Porque lo que confiere autoridad y poder al Amo es la existencia de una conexión y un equilibrio entre él y su perro. Y un Dominante, por mucho que se precie, no es Amo hasta que un perro no se arrodilla a sus pies.
Sólo cuando esa conexión se produce tiene sentido el concepto de propiedad. Y es ese sentido de la propiedad lo que diferencia al perro que he elegido del resto. Mi elección lo singulariza como un proveedor animal de emociones y sensaciones, unas emociones y sensaciones que solo él, desde su entrega, puede darme.
El deseo de control físico (y, en los mejores casos, control mental) nace de la consideración del perro como un bien preciado por el Dominante. El bondage, el encierro, la privación sensorial o el aislamiento, nacen como consecuencia del deseo de cuidar y proteger lo que se quiere y, en contados casos, se ama.
Algunos perros han dado sentido a estas palabras. A ellos los distingo porque también supieron ver y me distinguieron.
COMENTARIOS ANTIGUOS:
esclavomuskle (2011-11-29 22:32:11) es inevitable no hacer comentarios, al leerte haces senࢢr, sabes de los que hablas, muchas gracias
37 Han (2011-12-28 18:14:35) Si un perro no muestra sus emociones, el Amo camina ciego durante el adiestramiento. Gracias por poner luz en este proceso.
Anonymous (2013-06-03 03:52:41) Completamente en línea con las palabras aquí expresadas, con mi Amo llevo la mejor relación que jamás había imaginado, poseerme en cuerpo, alma y corazón es lo menos que me ha pasado

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