Vivimos en el tiempo de la imagen y no en el tiempo de la creencia. Aquellos que solo creen en lo que ven confunden deseo con actitud.
Hay que partir de un hecho: uno es quién es y no quien le gustaría ser. Los simples confunden estos dos estados del yo. Se cree uno que porque no le guste ser racista (por poner un ejemplo), automáticamente ya no lo es. Ya he dicho en otro post que la actitud debe nacer de cada uno y no hacer responsable al otro de lo que solo es asunto nuestro.
Todos tenemos en la mente la imagen del perro o del Dominante que necesitamos. Por eso buscamos fotos antes que textos que hablen de intenciones o demostraciones de actitud, y lo hacemos sabiendo que una foto no es garantía de nada que tenga que ver con la actitud, por muy explícitas que sean. Sin embargo, es verdad que supeditamos cualquier interés al sentido de la vista. Puedes tener un nutritivo blog en tu perfil, pero si no hay fotos, ten seguro que nadie reparará en él. Muchas veces incluso teniendo fotos. Esta web nos cedió un espacio valioso en su portada dando publicidad a nuestros blogs, pero nuestro desinterés obligó a cerrar ese espacio de comunicación. Un blog requiere un esfuerzo mental, no se mira como una foto o un video. Y la actitud es un asunto de la mente, no es una necesidad fisiológica como la comida o el sexo.
Seas Amo o sumiso, lo que está claro es que nos mueve el hambre y no el alimento. Y aún así afirmamos tener actitud en los perfiles de internet cuando, muchas veces, solo hay pereza por apostar por una calidad que no entra directamente por los ojos. En cambio, cedemos ante el poder de una imagen que solo es una proyección de nuestra fantasía. Hay muchos perfiles que solo usan fotos reclamo bajadas de internet. Se sacrifica el esfuerzo que supone ejercitar la voluntad consciente de “ser” Dominante o sumiso en aras de la comodidad y del dejarse llevar mecidos solo por el deseo.
Como Amo intento evitar este camino fácil e inmediato. Cada vez intento ampliar más mi espectro de esclavos posibles en función de la imagen que recibo de sus cuerpos. Es verdad que tengo mis preferencias y mis límites, y, a parte de los kilos de más o el uso continuo del tabaco, reconozco que mis gustos respecto a lo que se ve son amplios. En cambio mis intereses respecto a lo que no se ve son más exigentes. Por eso no rechazo perfiles sin fotos si tienen un par de frases interesantes. Quiero ver si el esclavo muestra cierta actitud en esas frases. Intento, luego, comprobar si esa actitud está consolidada o si el sumiso tiene deseos de hacerla evolucionar, o si solo va buscando satisfacer su necesidad de sentirse dominado sexualmente. No descarto nada a priori, mientras haya coherencia y honestidad. Cualquier tipo de relación se construye entre dos. No se trata de que el sumiso encaje tal cual en mis amplios intereses, sino que sea moldeable.
Hay que reconocer que un perro que quiera vivir instalado en la comodidad nunca me dará un buen servicio. Al perro se le puede arrancar de esa comodidad de muchas maneras. Poniéndole una zanahoria en el hocico para que camine, es una de ellas. El Amo se esfuerza en colocarle esos bocados golosos delante de las narices para que el animal obedezca. El Amo, si es inteligente, sabe que comportándose de esa manera está satisfaciendo al perro, y no al revés. El Dominante puede considerarlo una inversión de esfuerzo, confiando en que luego dará sus frutos. Le da cuerda hoy porque mañana, cuando lo suelte, piensa que va a caminar solo. En algunas ocasiones esa esperanza se cumple. El perro aprende a caminar solo porque el Amo ha despertado la actitud que posee el esclavo. Mantener esa actitud en el sumiso es un trabajo diario y no fácil. Pero si es bueno, el esclavo sabrá como agradecérselo.
Hay esclavos que, durante un primer acercamiento, piensan que no se puede contradecir a quien dice ser Amo. Erróneamente creen que deben decir lo que creen que ese Amo (que aún no lo es) quiere oír. Con esta manipulación (consciente o inconsciente) buscan agradar al Amo, cuando lo único que consiguen es confundirle y agradarse a sí mismos. Un esclavo que desde el primer momento muestra honestamente sus intereses o intenciones, ya sean solo sexuales o no, y es capaz de reconocer sus limitaciones a la hora de reconocer que, tal vez, no sea lo que el Amo anda buscando (o que ése Amo no sea lo que él necesita) es un esclavo digno de respeto porque es consciente de su realidad como sumiso y no la oculta y tampoco se miente. Pero hay otros muchos, que tras asentir, como seres carentes de identidad, a todo lo que se les plantea, después se alejan sin ruido y sin hacer uso de las más elementales normas de cortesía y educación. Creen que con ese comportamiento se apartan de lo que busca el Dominante (o de lo que ellos buscan), pero no es cierto, solo se complacen a sí mismos, pues su pudor les impide reconocer que son inexpertos o que en realidad no son esclavos y que buscan a alguien un poco dominante que les complazca su vena sumisa o que solo quieren sexo y punto. Estos perros carecen de la base necesaria para edificar en ellos la actitud que luego se les va a exigir. Nunca me cansaré de repetir que no busco un esclavo entrenado, sino uno para entrenar y la falta de experiencia me seduce si hay una voluntad consciente de querer ser un esclavo real.
Aún así, algunos de estos perros, después de que han descubierto que su realidad no encaja con lo que les gustaría ser, siguen considerándose esclavos expertos, o perros alfa, solo porque pensando que lo son no necesitan trabajar para ser realmente lo que dicen. Confunden lo que quieren ser con lo que realmente son. Aquí exijo humildad. Reconocer que uno no es lo que cree ser, es el primer paso para llegar a ser lo que se desea ser. Solo aceptando nuestras limitaciones podemos superarlas. Pero negando nuestras carencias nos negamos a nosotros mismos, ya seas Amo o sumiso. Una vez recomendé a un sumiso que fuera más honesto a la hora de describirse en el perfil y que adaptara sus palabras a su realidad y no a su fantasía. Que me hiciera caso le hizo más valioso para mí a partir de ese momento porque demostró honestidad y coherencia.
Hay perros que una vez se han comido su zanahoria se paran de nuevo porque esperan otro regalo antes de ponerse otra vez en marcha. Se retraen a su postura anterior como el elástico que se ha dejado de tensar. Recuperan de esa manera su estado natural de perros perezosos o perros fantasiosos. Renuncian así a ejercer la voluntad consciente que exige “ser” un esclavo. Saben lo que tienen que hacer pero o no les apetece, o tienen dudas o están asustados.
Como Dominante me siento responsable de un perro que está inseguro porque he conseguido despertar su actitud de sumiso, una actitud que él desea explorar, pero que a la vez teme reconocer que es real. Ese esclavo siempre me tendrá a su lado si quiere caminar conmigo. En los momentos difíciles voy a ayudarle, pero tiene que aprender que la fuerza para ser un buen sumiso está dentro de él y no en mis arengas, o en mis autoritarias instrucciones, ni tampoco en los pelos de mis pectorales, ni en el tamaño del rabo. Yo puedo ser su guía, su líder o su maestro. Pero no se aprueba ninguna asignatura si antes no se ha estudiado.
Hay perros que buscan al Amo que les saque al perro que llevan dentro cuando lo único que buscan es encontrar al tío (sea Amo o no) cuya imagen o actitud dominante les dispare los niveles de testosterona. Una vez más, buscan fuera de ellos la zanahoria que les gustaría tener dentro. Delegan su supuesta actitud en la imagen que va a satisfacer su libido. Reivindican su deseo de ser satisfechos desde su necesidad (real, no lo dudo) de sentirse dominados. Tienen hambre y antes de entrar en Internet piden la carta. Tienen tanto apetito de comer como voluntad de servir hasta que, una vez saciados, desaparecen y muchas veces sin pagar la cuenta.
Me pregunto cómo sería tener un perro que ve con el corazón y con el alma antes que con los ojos de su deseo, un perro que escucha lo que le hacen sentir y no lo que quiere sentir, un perro cuyo olfato le dice el camino a seguir, un perro que vea los músculos de la honradez, la estatura de la autoridad, la madurez de la honestidad, el rabazo de la confianza y la ancha espalda de la seguridad. Me pregunto cómo sería tener un perro ciego.

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