Mantener las cosas en perspectiva: En general el sumiso no debe estar por encima del dominante. Si estamos de pie deberá mantener la mirada baja y nunca mirar de frente.
Por ejemplo si el dominante está sentado en una silla y el sumiso se acerca, éste no deberá permanecer cerca de la silla quedando por encima de su dominante.
Por el contrario deberá agacharse a medida que se acerca y arrodillarse ante la silla y cuando marche hacer el proceso inverso. Con entrenamiento y práctica el sumiso aprenderá a hacer esto de manera graciosa y discreta.
Orden: ¡De rodillas!!
La posición básica es la que se adopta en las artes marciales. El sumiso se arrodilla con las nalgas reposando sobre los talones, las rodillas separadas unos dos puños de distancia, la espalda recta y la pelvis levemente adelantada, mientras la cabeza se manࢢene erguida excepto por la última cervical que. se inclina ligeramente hacia delante. El sumiso mira hacia abajo ( unos 30 º por debajo de la línea del horizonte) y al frente. Tiene las palmas hacia abajo sobre la parte central de los muslos. Los pulgares de los pies se rozan y los dedos de las manos están estirados apuntando hacia las rodillas. Los codos se mantienen pegados a los costados, pero no de forma rígida.
Si aparece hormigueo o si se entumecen las piernas el sumiso debe comunicarlo y solo entonces puede adoptar una posición de descanso a la izquierda o a la derecha.
Para el descanso a la derecha el sumiso apoyará la palma de la mano en el suelo, con el codo recto, pero no rígido y entonces girará su cuerpo de forma que su nalga derecha descanse sobre el suelo. Cuando las piernas del sumiso estén normales de nuevo deberá recobrar la posición de rodillas.
Tú como sumiso debes admitir que estas posiciones de descanso se proporcionan para tu beneficio. de que pueda adoptarlas es un privilegio otorgado por gentileza de tu dominante.
Orden: ¡Culo arriba!
En esta posición el sumiso esta apoyado sobre sus rodillas. Como si estuviera rezando. Las rodillas permanecen separadas unos dos puños de distancia, los dedos gordos del pie se siguen rozando y las palmas de las manos siguen el centro de los muslos, peros se atrasan a medida que el sumiso se mueve desde la posición de rodillas. La espalda permanece recta y la vista se manࢢene ligeramente baja y al frente.
Orden: ¡Sientate!
En esta posición el sumiso se sienta en el suelo, cruzando las piernas. Sus manos descansan con las palmas hacia abajo sobre las rodillas y la espalda esta en posición normal, recta y erguida.
Orden: ¡Arrodíllate hacia delante!
Para adoptar esta posición desde ”de rodillas”, el sumiso apoyará las palmas de sus manos en el suelo. El pulgar separado de la mano en un ángulo de 60 º manteniendo el resto de los dedos ligeramente unidos. Las manos del sumiso formarán un triángulo delante de su cuerpo. El sumiso inclina la cabeza hasta colocar la parte inferior de su barbilla en el triángulo.
Orden: ¡Arrodíllate hacia atrás!
Para adoptar esta posición desde la “de rodillas”, el sumiso separa sus tobillos hasta que estén más abiertos que sus caderas, entonces baja las nalgas al suelo y recuesta la espalda todo lo que puede en el suelo. Técnicamente el sumiso ya no está arrodillado, sino que está estirado boca arriba. Las manos con las palmas boca abajo están apoyadas sobre la parte carnosa, manteniendo los dedos ligeramente juntos.
Orden: ¡De pie!
En esta posición el sumiso se levanta y se pone de pie. La columna está erguida, sus hombros hacia abajo y la mirada ligeramente baja. Tiene las manos a los lados. Las palmas apoyadas sobre los muslos. Los pies están cómodamente juntos, ni demasiado cercas ni demasiado separados.
Cuando el sumiso se levanta de una posición de rodillas a una posición de pie deberá hacerlo con gracia, preferiblemente levantando ambas rodillas a la vez.
Orden: ¡Boca arriba!
En esta posición el sumiso se tumba boca arriba. Sus manos descansan de forma natural al lado con las palmas hacia abajo y los dedos ligeramente juntos. Sus talones se tocan. Sus ojos miran al frente.
Orden: ¡Boca abajo!
En esta posición el sumiso se tumba boca abajo. El empeine descansa contra el suelo y los talones y los dedos de los pies se tocan ligeramente. Sus manos se ponen con las palmas hacia arriba. La punta de la barbilla reposa en el suelo o con la cabeza girada apoya su mejilla en el suelo.

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