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¿Quién ejerce realmente el poder?


La paradoja de quienes dicen buscar una Total Power Exchange

Una de las frases que más escucho es esta:

"Busco una relación TPE."

Quien la pronuncia suele añadir después una lista bastante precisa de lo que espera encontrar:

Quiero castidad.

Quiero obedecer.

Quiero que controles mi tiempo.

Quiero dormir en el suelo.

Quiero ser castigado.

Quiero ser humillado.

Quiero que decidas por mí.

Todo parece coherente.

Sin embargo, con los años he empezado a hacerme una pregunta incómoda.

¿Quién está dirigiendo realmente esa relación?

La paradoja de la entrega

La mayoría de los esclavos creen que entregar el poder consiste en encontrar un Amo que haga realidad la fantasía que llevan años imaginando.

Pero una entrega auténtica comienza precisamente cuando el Amo deja de cumplir ese guion.

Imaginemos una escena muy sencilla.

Un esclavo llega ilusionado.

Quiere llevar un dispositivo de castidad.

Ha leído durante años sobre ello.

Está convencido de que esa práctica representa la máxima expresión de la entrega.

Sin embargo, el Amo responde:

"No."

No porque esté en contra de la castidad.

Sino porque considera que, en este momento, no es lo que fortalecerá el vínculo.

La pregunta aparece inmediatamente.

¿Qué ocurre con la entrega cuando el Amo no confirma el deseo del esclavo?

Ahí empieza la verdadera conversación.

Cuando el Amo se convierte en ejecutor de los deseos del esclavo

Existe una forma de Dominio que, desde fuera, parece muy intensa.

Hay reglas.

Hay protocolos.

Hay castigos.

Hay obediencia.

Sin embargo, si observamos con atención, descubrimos algo curioso.

Fue el propio esclavo quien pidió cada una de esas cosas.

Pidió el cinturón.

Pidió la humillación.

Pidió la disciplina.

Pidió la anulación.

Pidió incluso la forma concreta de ser dominado.

El Amo únicamente aceptó representar ese papel.

Entonces aparece una pregunta más difícil e incómoda que la hice antes:

Si el guion ya estaba escrito en la mente del esclavo antes de conocer al Amo, ¿quién dirige realmente la relación?

A ver. No estoy diciendo que esas prácticas sean falsas. Que el esclavo no esté sintiendo el cinturón, la disciplina o la humillación.

Digo que la dirección del poder puede no estar donde creemos que está.

La diferencia entre deseo y entrega

Todo esclavo tiene deseos.

Y es bueno que los tenga.

No hay nada deshonesto en compartir fantasías, límites o aspiraciones.

El problema aparece cuando el deseo se convierte en la condición para poder entregarse.

"Solo puedo obedecer si el Amo hace aquello que deseo."

En ese momento el centro ya no es el Amo.

Es el propio deseo.

La entrega queda subordinada a la satisfacción de una expectativa.

Y eso cambia completamente la naturaleza del vínculo.

¿Y si no todos buscamos lo mismo?

En este punto conviene hacer una distinción que suele generar malentendidos.

No todos los que se acercan al BDSM desean lo mismo.

Hay quien busca explorar una parte de sí mismo a través de la sumisión. Quiere vivir determinadas prácticas, determinadas emociones o determinadas formas de control. Su centro sigue siendo la experiencia que desea vivir.

No veo nada ilegítimo en ello.

La sumisión es una forma plenamente válida de relacionarse con el poder.

Pero esa búsqueda es distinta de la esclavitud tal y como yo la entiendo.

Para mí, el esclavo no entrega únicamente determinadas prácticas.

Entrega la dirección del vínculo.

Eso significa que acepta que el Amo pueda decidir algo distinto de aquello que él había imaginado.

Mientras el centro de la relación siga siendo satisfacer el deseo del sumiso, el poder continúa orbitando alrededor de ese deseo.

No importa cuántos protocolos existan.

No importa cuántos castigos reciba.

No importa cuántos días permanezca en castidad.

Si todo eso ocurre porque era exactamente lo que esperaba encontrar, el eje de la relación sigue siendo su propia expectativa.

Quizá por eso digo que no busco sumisos.

No porque considere la sumisión inferior a la esclavitud.

Sino porque yo no deseo ser el facilitador de las fantasías de otra persona.

Mi vocación como Amo consiste en asumir la responsabilidad de conducir un vínculo, aunque en ocasiones esa dirección no coincida con aquello que el otro esperaba encontrar.

Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, cambia por completo el sentido de la entrega.

No me interesan los sumisos. Me interesan los esclavos.

No porque unos sean mejores que otros. Ni porque exista una jerarquía moral entre ambos. Simplemente porque son proyectos relacionales diferentes.

El sumiso desea experimentar la sumisión.

El esclavo desea construir una relación donde la entrega tenga prioridad sobre la experiencia.

El verdadero examen de una TPE

Creo que la prueba de una relación de intercambio total de poder no consiste en cuánto controla el Amo.

Consiste en otra cosa mucho más sencilla y mucho más difícil.

¿Puede el esclavo aceptar que el Amo no ejerza el control que él esperaba?

Porque el poder del Amo no consiste en cumplir fantasías.

Consiste en decidir qué necesita realmente la relación.

A veces esa decisión será aumentar el control.

Otras veces será mantenerlo.

Y otras será decir:

"No."

Ese "no" es una de las expresiones más profundas del Dominio.

Porque demuestra que el Amo no responde automáticamente al deseo del esclavo.

Responde a su propio criterio.

El riesgo del BDSM contemporáneo

Vivimos en una época donde casi todo gira alrededor del deseo individual.

Elegimos.

Consumimos.

Personalizamos.

Configuramos incluso nuestras relaciones como quien selecciona opciones en un menú.

Sin darnos cuenta, esa lógica también ha entrado en el BDSM.

Muchos perfiles no describen una disposición para la entrega.

Describen un catálogo de servicios esperados.

No buscan un Amo.

Buscan un Amo que confirme exactamente la imagen que ya tenían de él.

Es comprensible.

Pero eso no es una TPE.

Es una negociación entre expectativas.

La responsabilidad del Amo

Aquí aparece una responsabilidad de la que se habla poco.

El Amo puede sentirse tentado a responder afirmativamente a todo.

Aceptar todas las prácticas.

Cumplir todas las fantasías.

Convertirse en el Dominante perfecto que el esclavo llevaba años imaginando.

Pero un Amo no está para interpretar un personaje.

Está para asumir una responsabilidad.

Y esa responsabilidad incluye decepcionar, cuando sea necesario.

No porque disfrute negando.

Sino porque comprende que cuidar un vínculo exige algo más que satisfacer deseos.

Exige discernimiento.

La entrega comienza donde termina la fantasía

No creo que la TPE consista en entregar todas las decisiones.

Creo que consiste en algo mucho más difícil.

Entregar la confianza.

Confiar en que quien sostiene el poder no actuará para satisfacer su ego, ni para satisfacer nuestras fantasías, sino para cuidar el vínculo.

Por eso la verdadera entrega no empieza cuando el Amo dice "sí".

Empieza cuando dice "no" y el esclavo descubre que su confianza permanece intacta.

Porque ha dejado de obedecer a su fantasía.

Y ha comenzado, por fin, a confiar en la persona.

Una última reflexión

Con frecuencia se dice que el esclavo entrega el poder al Amo.

Cada vez estoy menos convencido de que esa frase sea suficiente.

Creo que la pregunta verdaderamente importante es otra.

¿Está dispuesto el esclavo a entregar también la dirección de sus expectativas?

Porque mientras solo acepte el Dominio que coincide con aquello que ya deseaba, el poder seguirá estando, silenciosamente, en el mismo lugar donde siempre estuvo.

En él mismo.

Y quizá la Total Power Exchange no consista en perder el control sobre la propia vida.

Quizá consista, antes que nada, en renunciar a dirigir la forma en que deseamos ser dominados.

Solo entonces el poder deja de ser una representación.

Y empieza a convertirse en una relación.




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